Espejo de enemigos, de Marcelo Rioseco

29.07.2026

Por Alberto Hernández

La poesía es un largo viaje. Desde los primeros días del hombre, la palabra se ha instalado en la imaginación, en lo que va más allá de lo que éstas, las palabras, podrían significar. La palabra nombra y la poesía reconstruye lo nombrado. Cada texto poético es una representación, un instante que se prolonga, que nos advierte su inmortalidad, su permanencia, como un señuelo que se muestra ante los ojos y se vierte en nuestro espíritu.

Escribir desde la poesía, desde lo que ésta nos dice, significa rehacerla, tenerla presente en todos los sentidos, advertirle al lector que él también es parte de esa magia donde caben todos los temas y los que el poeta puede resolver desde su imaginación. La poesía es un arraigo en pleno desarrollo, pero también nos desarraiga, nos centra o nos extravía, nos duele o nos congratula. La poesía es una sombra que ilumina. Un estado permanente del alma que no se deja vencer por el olvido. Es un reflejo que nos desfigura o nos hace visibles, nos enemista con nosotros mismos o se agrega a la linfa del espejo que asoma nuestro interior. Somos enemigos de nuestra propia imagen. Y así la poesía lo descubre, lo desnuda, lo evidencia en nuestras propias deformidades, tanto físicas como espirituales. El humano ser es un poema incompleto, una insinuación.

Muchos de los poemas que aparecen en Espejo de enemigos contienen una definición de la poesía, aunque ésta sea indefinible, pero la imaginación posibilita el viaje hacia imágenes que propician cierta iluminación acerca de lo que realmente (o irrealmente) es la poesía, ese enjambre de emociones o silencios que trazan la existencia del creador.

Marcelo Rioseco anda en esos pasos. La poesía lo inunda, lo inflama de voces que lo aproximan a una poética que a la vez es su propia invención como mago de las voces que lo persiguen. Todo poeta es un acosado por sus diversos reflejos, por los fantasmas con quienes comparte augurios. Desde las más antiguas inflexiones de quienes hablaban o escribían para reflejarse en la mirada del otro, o para alejarse, nuestro autor escribe este libro editado por El Taller Blanco Ediciones, en la Colección Voz Aislada, en Cali, Colombia, en el año 2025.

Avisado por Catulo, Fray Antonio de Guevara y Robert Browning en los epígrafes que usa nuestro autor, sin dejar de mencionar a Solón Salomino, Persia Galatea, Guido Romano, Rioseco construye el Arte Poética que define este libro:

"La poesía es

dar en el blanco de un caballo en movimiento.

Más allá de esto, todo es perfección".

Es decir, la poesía tiene asiento de lo imperfecto, en lo que los no lectores de poesía consideran poco fiable, porque en realidad la poesía no es confiable. Es ese caballo que corre con la flecha en sus carnes, regando sangre por todo el campo. No obstante, las palabras de quien dispara sean simples balbuceos o geniales absurdos. Igual, el reflejo de lo que no dice mientras la velocidad de la flecha encubre una metáfora, una imagen borrosa, un espejo que se rompe.

(***)

El tiempo se deshace de lo visible, sólo invisible permanece, pese a que "Nuestra piel parece joven y todavía se estremece". Quien hace poesía es esa piel y sus palabras el estremecimiento, el poema mismo.

Quienes nos antecedieron se hicieron tiempo, Cronos los recibió con la fuerza de su oleaje: Suetonio, Claudio Filípator, Lesbia o Marcelo siguen siendo residuos que la poesía de hoy continúa leyendo. Nada cambia y todo cambia. Nada es eterno y sin embargo es lo contrario. Las palabras suenan y se silencian. Un espejo refleja el rostro de un contrario. Y la muerte es parte de una voz que se sigue escuchando.

(***)

De allí que halla "Poetas que escuchan el zumbido de las estrellas/ y desoyen el ciego dictado de la corte. Así ocurren estas cosas". La poesía es desobediente.

El que sueña, el que atiende a sus pesadillas, el que despierta en medio de un desierto o de un bosque, sabe que alguna voz lo atiende, lo conmina a decir o a callar. Y dejar de ser quien haya sido.

"Porque eres poeta, / no puedes hablar por ti mismo/ y debes aguardar en silencio sin ser impaciente;/ los dioses no te han escogido en vano". De allí el poder de la poesía.

La palabra es de carne y huesos. Es espíritu. Es arrojo, por esa razón "Los verdaderos poemas no pueden esperar".

(***)

Marcelo Rioseco nos dice: "…los que escriben poemas y los lanzan al mar/ todos volverán a cantar". Este verso confirma lo dicho arriba: la poesía perdura. Es en sí misma.

Además, nos arrima a esta declaración: "He hablado con poetas de asuntos misteriosos; ninguno de ellos era objeto de interés nacional". Es decir, si es que se puede decir: la poesía es un asunto interior y no colide con la burocracia, con el poder o algún despacho donde ella, la poesía, es desestimada.

Y que escriba Rioseco: "Lo que no puedes hacer con las palabras, hazlo con las manos", da pie para expresar que las palabras ya están dichas, mientras las manos son las herramientas para construir lo visible: el barro, el papel, un golpe…pero también escribir, aunque no sea poesía. El silencio es también parte de un hecho manual.

(***)

El lector forma parte de estas páginas. No deja de hablar con él nuestro autor: "…ahora me lees (…) los que ahora con fervor escribimos/ no dejaremos más que el rastro de una canción".

Ese rastro concita una suerte de cierre en el que "Los libros dicen la verdad, por eso no son superiores a la verdad", y así "Acabada la imaginación / dedicarse al plagio".

El libro de Marcelo Rioseco continúa su viaje a través de temas variados donde el poema sigue siendo el protagonista.


Marcelo Rioseco, poeta chileno. En 1994, su libro Ludovicos o la aristocracia del universo (Editorial Universitaria, 1995) ganó el Premio de Poesía "Revista de Libros", otorgado por el diario El Mercurio en Santiago de Chile. A lo largo de su carrera literaria, ha publicado los libros de poesía: Espejo de enemigos (Uqbar Editores, 2010), 2323 Stratford Ave. (Uqbar Editores, 2012) y La vida doméstica (Editorial Cuarto Propio, 2016), este último galardonado con el "Premio Academia" otorgado por la Academia Chilena de la Lengua al mejor libro del año. Su libro de poesía, Olivia en los suburbios (2020), fue publicado en España por la editorial Valparaíso Ediciones. En 2024 publicó Midori & 18-O con la editorial Cuarto Propio y una antología de poesía titulada Poesía selecta con la editorial venezolana La Castalia. Entre sus últimas publicaciones se encuentra la traducción al inglés de La vida doméstica (Domestica Life) publicada por la editorial Alliteration.

Actualmente, Marcelo Rioseco es el editor general de la revista de literatura latinoamericana Latin American Literature Today (LALT) y vive en Oklahoma, EE.UU.

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